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El incumplimiento del tratamiento prescrito para las enfermedades crónicas de origen multifactorial, es uno de los problemas de mayor envergadura al que debe enfrentarse la medicina actual, a nivel mundial.

Un estudio elaborado en 2003 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), reveló que el cumplimiento del tratamiento por parte de los pacientes con enfermedades crónicas en los países desarrollados es de sólo el 50%.

Las discusiones actuales acerca de esta problemática hacen incapié en lograr la participación adecuada tanto del médico como del paciente. Sin embargo, el así llamado “cumplimiento terapéutico”, un enfoque criticado por no considerar los aspectos psicológicos y motivacionales del paciente, sigue siendo la metodología más utilizada.

Existe otra propuesta, la “adherencia o alianza terapeutica”, término propuesto por el psiquiatra Barry Blackwell, que promueve una relación médico-paciente más cooperativa e interactiva, e implica tanto la responsabilidad del paciente en comprender y seguir las instrucciones brindadas por el médico, como la responsabilidad del médico de brindar confianza, escucha activa, motivación, información comprensible (evitando lenguaje excesivamente científico) y seguimiento del tratamiento.

Es sabido que una mala relación de base o una comunicación deficiente entre ambos, puede motivar que el paciente no lo cumpla.

Más allá de las creencias, un estudio realizado por el Massachussets General Hospital, publicado en Plos One en 2014, ha conseguido pruebas objetivas que apoyan la idea de la influencia positiva que acarrea una buena interaccion medico-paciente, y que según sus propios autores, es capaz de “producir efectos saludables tan beneficiosos como tomar aspirina para prevenir los ataques al corazón”.

Para ello, los investigadores se basaron en 13 ensayos realizados en Estados Unidos, Europa y Australia, que implicaban el cuidado de pacientes con enfermedades como diabetes, hipertensión y osteoartritis. Se compararon los resultados de 2 grupos de médicos: uno que prestó la atención estándar, con otro formado con técnicas que incluían mayor contacto visual, prestar mucha atención a las emociones de sus pacientes, así como ofrecerles entrevistas motivacionales que propongan metas para afrontar el problema a tratar. El resultado del segundo grupo, medido en base a la pérdida de peso, la presión arterial, los niveles de azúcar y lípidos en sangre y dolor, si bien pequeño, resultó para los autores, estadísticamente significativo. «Nuestros resultados muestran que los efectos beneficiosos de una buena relación médico-paciente en la asistencia sanitaria son de magnitud similar a muchos tratamientos médicos bien establecidos», subrayó John M. Kelley, el autor principal del estudio. Y destacó: “no hay efectos secundarios negativos de una buena relación médico-paciente”.

Dentro del ámbito de la cardiología, Valentin Fuster, el reconocido cardiólogo a nivel mundial, señala en un artículo publicado por la Revista Española de Cardiología: “Los profesionales de la salud se comunican de manera deficiente con sus pacientes y proporcionan escasa información sobre las
prescripciones médicas” . Y alerta: “la correcta comunicación con el médico puede ser particularmente determinante en el grupo de pacientes de edad avanzada, que puede encontrarse más frecuentemente en una situación de aislamiento social, vulnerabilidad emocional y desventaja
económica”.

En cuanto a la hipertensión en particular, Fuster declara: “Comprender las preocupaciones del paciente en relación con el tratamiento farmacológico es fundamental para que haya buena adherencia, especialmente en el caso de las afecciones asintomáticas, como la hipertension”.

Apoyando esta idea, un estudio publicado en el American Journal of Hypertension en el 2015, afirma que los pacientes que consultan y comparten sus dudas con el médico y acuden periódicamente a los centros de salud, mejoran en un 30 por ciento, el control de su presión arterial.